EL SALARIO DE SANCHO PANZA

Publicado en Diario Información el 7 de junio de 2019

ESPERANDO A GODOT

El salario de Sancho Panza

Habrán reparado ustedes en que, a pesar de ser la literatura el leitmotiv de esta sección, no me he referido, en los más de dos años que lleva apareciendo semanalmente, sino tangencialmente, a la obra cumbre de nuestras letras: El Quijote. Quizás esta omisión se deba a lo complicado que es aludir a una obra que ha sido estudiada y comentada por tantos y tan eruditos críticos literarios a lo largo de la historia.

Sea como fuere, algunos acontecimientos acaecidos en los últimos días en Elche y comentados en este mismo diario, me han traído a la mente un episodio del Quijote, en concreto aquél, del capítulo VII, de la segunda parte, en el que Sancho, instado por su mujer Teresa se dirige a Don Quijote para que “...vuesa merced me señale salario conocido de lo que me ha de dar cada mes el tiempo que le sirviere, y que el tal salario se me pague de su hacienda...”.

A lo que Don Quijote le replica: “Mira Sancho, yo bien te señalaría salario, si hubiera hallado en alguna de las historias de caballeros andantes ejemplo que me descubriese y mostrase por algún pequeño resquicio qué es lo que solían ganar cada mes, o cada año; pero yo he leído todas o las más de sus historias, y no me acuerdo haber leído que ningún caballero andante haya señalado conocido salario a su escudero. Sólo sé que todos servían a merced, y que cuando menos se lo pensaban, si a sus señores les había corrido buena suerte, se hallaban premiados con una ínsula, o con otra cosa equivalente, y, por lo menos, quedaban con título y señoría. Si con estas esperanzas y aditamentos vos, Sancho, gustáis de volver a servirme, sea en buena hora; que pensar que yo he de sacar de sus términos y quicios la antigua usanza de la caballería andante es pensar en lo escusado. Así que, Sancho mío, volveos a vuestra casa, y declarad a vuestra Teresa mi intención, y si ella gustare y vos gustáredes de estar a merced conmigo, bene quidem, y si no, tan amigos como antes; que si al palomar no le falta cebo, no le faltarán palomas. Y advertid, hijo, que vale más buena esperanza que ruin posesión”.

Esta conversación entre amo y escudero hay que intentar comprenderla a la luz de los acontecimientos históricos y de los avatares económicos de la época. El Quijote fue publicado por primera vez el año 1605; por aquel entonces se daba la paradoja de que siendo el rey español, Felipe II, monarca de medio mundo, la hacienda pública tuvo que declararse en bancarrota el año 1575. El principal motivo fue que, a pesar de la riada de plata que llegaba del Nuevo Mundo, ésta no era suficiente para pagar a tiempo a los prestamistas europeos que financiaban las campañas bélicas que se habían emprendido. Además, el exceso de oro y plata provocó, como efecto colateral, que las manufacturas se importaran, provocando una subida de los precios y el declive de los artesanos locales.

Por otra parte, este diálogo entre Don Quijote y Sancho, también refleja una contraposición entre dos mundos. El escudero quiere salir de su situación de pobreza cobrando un “salario conocido”, es decir, quiere pasar de la condición de siervo a la de asalariado, lo que implica un salto hacia la modernidad. Pero su amo, con hábil oratoria, lo convence para que le siga acompañando como vasallo, perpetuando las formas y maneras habituales de un antiguo régimen medieval.

Hoy en día nadie se sorprende si cualquier trabajador reclama, como Sancho, un “salario conocido” como contraprestación a su esfuerzo. Lo que sí llama poderosamente la atención son las noticias aparecidas, a las que aludía al comienzo de este artículo, sobre las negociaciones iniciadas, y las aplazadas, entre los diversos grupos políticos para configurar un futuro Gobierno municipal. Nada sabemos de la respuesta que esa futura mayoría pretende dar a la multitud de retos que tiene pendientes nuestra ciudad; sólo intuimos que las conversaciones emprendidas no tienen otro fin que un reparto de poder, y de puestos, que deje satisfechos a los muchos que pretenden subirse, o no apearse, de las prebendas propias de mantenerse próximo al abrigo que confiere el poder.

Pero en el bando de los perdedores también hay movimientos, en este caso por el reparto de las dedicaciones exclusivas que el Alcalde pueda conceder a los grupos de la oposición; movimientos tan burdos que el Diario Información ponía nombre y apellidos a los que se disputan esos emolumentos. De nuevo, el destino de la ciudad y sus habitantes parecen algo muy ajeno a estos políticos que, en el gobierno o en la oposición, llevan décadas cobrando del erario público. “Cada uno es tal como Dios le hizo, y aún peor muchas veces”.

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