UNA NAVIDAD DIFERENTE
PUBLICADO EN DIARIO INFORMACIÓN EL 19 DE DICIEMBRE DE 2020
ESPERANDO A GODOT
Como ya les he referido en alguna ocasión, he dedicado toda mi carrera profesional al ámbito educativo. Por eso, aunque ahora ejerzo como inspector y mi régimen de vacaciones no coincide con las escolares, siempre me reservo unos cuantos días para poder disfrutar de un período de asueto durante la Navidad que se solape, más o menos, con el que disfrutan alumnos y profesores. No se preocupen, esta introducción no es un anticipo de una nueva diatriba contra la LOMLOE, que ya habrán inferido por anteriores artículos que no es precisamente santo de mi devoción, sino un anuncio de que no acudiré a mi cita semanal con esta sección y con ustedes hasta después de Reyes.
Por eso, y dadas las fechas en que nos encontramos, parece que lo suyo sería tirar de tópico y comentar algún relato navideño. De hecho, aunque siempre he intentado rehuir ese recurso, la Navidad me ablanda, y en los últimos años les he presentado, por estas mismas fechas, tres historias relacionadas con el tema, si bien he intentado que se salieran de lo convencional y tuvieran una carga literaria potente. En 2017 fue Un cuento de Navidad, de Charles Dickens; en 2018, La Tregua de Navidad, de Stanley Weintraub; y el año pasado, una novela de uno de mis escritores favoritos, El cuento de Navidad de Auggie Wren, de Paul Auster.
Este aciago año, desde todas las instancias oficiales, que tanto nos machacaron con la absurda “neolengua” de la “nueva normalidad” y la “desescalada”, se nos está insistiendo constantemente en que esta Navidad va a ser “diferente”, lo cual lleva el agua a mi molino, pues me permite enlazar con una novela que viene muy a propósito: Una Navidad diferente, del norteamericano John Grisham.
El protagonista de la novela, Luther Krank, es una especie de Scrooge moderno. Echando cuentas calcula que él y su mujer, Nora, podrían irse de vacaciones al Caribe por mucho menos de lo que se gastaron el año anterior celebrando la Navidad. Pero la cuestión es que Luther no sólo quiere irse de vacaciones durante la Navidad, sino que pretende, simple y llanamente, librarse de ella. En consecuencia, los Krank no comprarán un árbol, ni decorarán su casa, ni harán regalos, ni darán o asistirán a fiesta alguna. Sin embargo, una inesperada llamada telefónica en el último instante conduce a un cambio de planes. En definitiva, es una novela que rezuma misantropía, en franca contradicción con las historias navideñas al uso, entretenida y divertida, pero nada comparable a Dickens, por supuesto.
En Elche, de momento, la Navidad se centra en las idas y venidas de muchos ciudadanos, como se suele decir, “Correora pa munt, Correora pa baix”. Hay que reconocer que la calle Corredora y la Plaça de Baix presentan un aspecto francamente agradable para ese paseo “amunt i abaix” tras las obras acometidas recientemente, máxime en estas fechas, con la iluminación navideña, que añade un halo festivo y mágico. No cabe duda de que la actuación, de momento, ha sido un éxito. Que sea suficiente en sí misma para la reactivación económica del centro es otra cuestión. Muchos opinamos que quizás sea una condición necesaria, pero no suficiente, y que debería venir acompañada de otras medidas, especialmente referidas a la accesibilidad hasta la zona en transporte privado y a la cicatriz que supone un mercado central y su zona aledaña vallado y deteriorado.
El propio alcalde no lo debe tener del todo claro. De otra forma no se explicaría el motivo por el que se dedicó a sí mismo un publirreportaje en este mismo diario, hace unas tres semanas, en el que, a mayor abundamiento, no sólo intervenía él, alabando el proyecto de peatonalización, sino que también lo hacían, que yo recuerde, el arquitecto municipal, y el responsable de la empresa que ha acometido la obra. En estas entrañables fechas, no por navideñas, sino porque la aprobación del presupuesto municipal para el próximo ejercicio entra en su fase definitiva, la oposición debería ser un poco más incisiva con estos temas y revisar cuánto, cómo y en qué forma gasta el Gobierno local el dinero en comunicación. Lo digo porque la edil del área, la Sra. Maciá, se mostró extrañada de que nadie le hiciera ninguna pregunta sobre el presupuesto en la Comisión de Hacienda, cuando le había facilitado el expediente a todos sus componentes nada menos que “cinco” días antes.
En fin, estimados lectores, Elche sigue como siempre, esperando a Godot.
P.D. Para que no todo sean críticas, creo que cabe felicitar al responsable de programación del Gran Teatro, y por extensión a la Concejalía de Cultura, precisamente por haber incluido, el pasado día 5 de diciembre, la obra de teatro de Samuel Beckett que da título a esta serie de artículos. Magnífica. Quizás los que la presenciaron, o simplemente los que la conozcan, ya habrán barruntado porque esta sección se llama así.
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