ES MARÍA LA BLANCA PALOMA

Publicado en Diario Información el 13 de mayo de 2023

Esperando a Godot

 

Es María la Blanca Paloma

 

“Es María la blanca paloma, / es María la blanca paloma, / que al venir a España, / que al venir a España, / que al venir a España, la vieron volar. // En el centro de una hermosa nube, / en el centro de una hermosa nube, / vino a Zaragoza, / vino a Zaragoza, / vino a Zaragoza en carne mortal. // Y Santiago como lo sabía, / y Santiago como lo sabía, / a orillas del Ebro, / a orillas del Ebro, / a orillas del Ebro la sale a esperar. / A orillas del Ebro, / a orillas del Ebro, / a orillas del Ebro la salió a esperar.”

 

Les ruego que del párrafo de apertura del artículo de esta semana no infieran que soy un ferveroso mariano… No lo soy, aunque siempre he defendido desde estas páginas que en España, seamos creyentes o no, todos deberíamos tener una mínima formación religiosa para poder entender los fundamentos de nuestra sociedad, de honda tradición judeocristiana, e incluso para poder disfrutar de los tesoros artísticos que suponen muchas de nuestras iglesias, tanto por la propia tipología constructiva de los edificios como por las joyas pictóricas y escultóricas que poseen en su interior.

 

Lo curioso del caso es que ahora los que se han vuelto religiosos no somos los tipos de derechas, sino los de izquierdas. En Valencia, sin ir más lejos, el alcalde Joan Ribó puso en marcha en febrero una iniciativa para realizar “bautizos civiles” que, en honor a la verdad, se han venido en llamar oficialmente "ceremonia de bienvenida a la ciudadanía". La primera de ellas se ofició la semana pasada, tres meses después de ofrecerse tal posibilidad; nadie lo había solicitado hasta la fecha, pero unos padres de Compromís han querido ser los primeros ante el regidor, que ha ejercido personalmente de oficiante.

 

Nada que objetar a la pantomima, salvo por la justificación que da Ribó para instituirla: (sic) “(El alcalde) ha explicado que el Consistorio ofrece este tipo de actos para atender al 38% o 37% de la población que se considera atea, agnóstica o laica". Lo que no debe saber el alcalde es que ser ateo, agnóstico o laico no es per se una religión, como parece inferirse de sus palabras, sino un estado contrapuesto al de profesar una que, precisamente, no podría definirse si no existieran las religiones.

 

Pero no quisiera enredarme en disquisiciones teológicas en las que no estoy muy versado y podría cometer graves errores de concepto. Por eso, descendamos, como la Blanca Paloma de la coplica, desde los cielos hasta la tierra para hablar no ya de canciones populares, sino de comportamientos populistas, tan frecuentes en Elche de forma inveterada y desde tiempos inmemoriales, pero que ahora, ante la proximidad de las elecciones municipales, se ven potenciados hasta límites insospechados.

 

Me refiero, como quizás ustedes ya hayan inferido, al apoyo que nuestro Alcalde está dando a la cantante ilicitana Blanca Paloma, hasta el punto de desplazarse a Liverpool, acompañado de la edil de Fiestas, Mariola Galiana para, en palabras textuales de Carlos González “expresarle el apoyo del Ayuntamiento y de todos los ilicitanos e ilicitanas con motivo de su participación en el Festival Internacional de la Canción el próximo sábado, día 13, representando a España.”

 

Espero que este viaje, infiero que sufragado por nuestros impuestos (ya saben aquello de que hay que pagar para costear la sanidad y la educación), obtenga un resultado más positivo que los desplazamientos a Madrid para traerse la Dama de Elche, porque a mí personalmente Blanca Paloma me cae bien y ese flamenquito fresco que tiene por estilo me da buen rollito. En fin, iremos a tomar unos copazos el sábado y veremos las pantallas gigantes que van a instalar en Candalix y en El Altet. Un bailoteo con Ximo Puig, que viene a Elche a presenciar la gala, y para casa en taxi, que vivo en el campo y he comprobado que es la mejor forma de hacerlo.

 

Por si nuestro primer edil no lo sabe, el número de españoles residentes en el Reino Unido asciende a unos 200.000 aproximadamente. De esa cifra, más o menos, unos 3.000 viven y trabajan o estudian en Liverpool. Esta ciudad, famosa por los Beatles y por su equipo de fútbol tiene unos 500.000 habitantes, siendo la cuarta más poblada del país. La tasa de paro es bastante baja, de ahí la elevada cifra de españoles que han decidido instalarse en la ciudad. Haciendo una aproximación, dado que Elche es una ciudad muy poblada, no sería raro aventurar que de esos 3.000 compatriotas afincados en la ciudad del Merseyside un número nada desdeñable sean ilicitanos. Pero no me consta que Carlos González o Mariola Galiana se hayan interesado por “ellos y por ellas”, por sus condiciones de vida, de trabajo o de estudio. Es lo que tiene vivir “en el centro de una hermosa nube”, que muchas veces se pierde el contacto con la realidad.

 LOS MUCHACHOS DE ZINC

Publicado en Diario Información el 6 de mayo de 2023

Esperando a Godot

 

Los muchachos de zinc

 

Estas últimas semanas he estado haciendo un trabajo de evaluación de docentes que aspiran a pertenecer al cuerpo de Catedráticos de Enseñanza Secundaria. Una de las tareas que ello supone es acudir a una de sus clases para verificar su desempeño en el aula. Es un cometido gratificante, pues uno se sorprende de forma muy positiva del modo en que los profesores desarrollan su labor en el aula. Precisamente, esta misma semana, en una magnífica clase de Física y Química de 1º de Bachillerato he descubierto a una escritora bielorrusa, Svetlana Aleksiévich, ganadora del Premio Nobel de Literatura en 2015. En concreto, el libro que salió a colación ese día fue Los muchachos de zinc, publicado en 2019.

 

Se preguntarán ustedes qué tiene que ver la literatura con la química. Tendrán que esperar un poco antes de que se lo desvele, pero se asombrarán de la buena idea que tuvo la profesora de estos alumnos. Primero les quiero hablar de la obra de Aleksiévich a la que me refería y que narra la guerra en la que se empeñó la Unión Soviética en Afganistán y que causó la muerte de cientos de miles de personas de ambos bandos (las cifras oficiales hablan de 50.000 bajas entre muertos y heridos del lado soviético, pero son cifras que jamás se han podido confirmar). Los dirigentes del Kremlin querían imponer el relato de que la contienda no era tal, sino una misión de mantenimiento de la paz, fruto de su “deber internacionalista”; la realidad es que pronto empezaron a llegar los cadáveres de muchos chicos, que no eran soldados profesionales, en ataúdes de zinc.

 

Los muchachos de zinc narra la historia de lo que allí ocurrió a través de los testimonios de los soldados, los oficiales y las enfermeras destinados en Afganistán, así como de las madres, las esposas y los hermanos de los que nunca regresaron. Engarzando esas historias, Svetlana Aleksiévich nos muestra la cruda realidad de las perdurables consecuencias de aquel conflicto, la pérdida de la inocencia de muchos jóvenes, la vergüenza de los veteranos retornados y abandonados a su suerte, la preocupación por los que tuvieron que dejar atrás sobre aquel terreno hostil… A lo que habría que añadir la controversia que suscitó la propia publicación de la obra, puesto que muchos no querían aceptar la realidad de lo que había sucedido en Afganistán.

 

La relación entre el relato de Aleksiévich y la química comienza con el propio título. ¿Por qué los ataúdes de esos infortunados eran de zinc y no de madera o de cualquier otro material más habitual para tal fin? En primer lugar, porque es un metal muy abundante y relativamente barato, pero también por sus características, especialmente porque es maleable, dúctil y duro. Además, el zinc tiene unas propiedades que lo convierten en un magnífico antiséptico (las cremas para el culito de los bebés lo utilizan) por lo que su uso para transportar cadáveres y restos humanos descuartizados, como ocurría en muchos casos, prevenía posibles infecciones de quien tuviera que manipularlos durante su traslado (como curiosidad, este elemento también es necesario para nuestro organismo, resultando vital para la formación de tejidos musculares y huesos, la transmisión sináptica entre neuronas y en numerosos procesos enzimáticos, además de para potenciar la libido).

 

La pregunta que indefectiblemente surge tras este relato es por qué los Estados Unidos se han empeñado tantos años en intentar contralar ese país después del fiasco que habían sufrido los soviéticos al tratar de hacer lo mismo. La respuesta también tiene que ver con la física y la química: los ingentes recursos minerales de tierras raras que posee ese país. El nombre de tierras raras induce a error, pues de lo que realmente se trata es de 17 elementos químicos (escandio, itrio y los quince elementos del grupo de los lantánidos). Para que se hagan una idea de la importancia de estos elementos les daré un par de ejemplos: el almacenado de datos informáticos, que cada vez se hace en equipos más pequeños y con mayor capacidad, debe parte de sus avances a las extraordinarias propiedades magnéticas del iterbio y del terbio; para evitar las falsificaciones de los billetes de euro se usa el europio, que tiene la peculiaridad de volverse luminiscente bajo una luz ultravioleta.

 

En la actualidad, abandonado Afganistán por los americanos, son los chinos los que están tras el 1’4 millones de toneladas de lantano, cerio, neodimio y litio, entre otros muchos recursos minerales, que encierra el subsuelo del país asiático y que están valorados en unos 2’5 billones de euros. China, sin disparar una sola bala, controla ya el 90% de la producción y procesamiento de tierras raras, imprescindibles para la industria tecnológica de occidente; si a ello unimos el hecho de que su política energética no está supeditada a las restricciones que en Europa nos hemos auto impuesto como consecuencia de la Agenda 2030, auténtica religión laica que nos llevará a la ruina, hará que en pocos años dependamos del gigante asiático absolutamente para todo, si es que no lo hacemos ya.

 

Entretanto, en España tenemos unas políticas absolutamente erráticas en los tres pilares fundamentales para nuestro desarrollo: la política de producción de los minerales mencionados, la política energética y la política hídrica. En el primero de ellos, contamos con recursos sin explotar debido a las restricciones de todo tipo que imponen las administraciones. En el segundo, y en Elche tenemos un claro ejemplo con la proliferación de campos de placas solares, estamos abandonando lo que debería ser la apuesta más firme -las mini centrales nucleares, limpias y seguras- en aras de un falso y absurdo ecologismo. En el tercero, problema también acuciante en nuestra zona, se abandonó hace años la solución más factible -los trasvases entre cuencas- para satisfacer las exigencias de los nacionalistas catalanes.

 EL LENGUAJE DE LOS MÍSTICOS

Publicado en Diario Información el día 29 de abril de 2023

Esperando a Godot

 

El lenguaje de los místicos

 

El pasado día 23 de abril, como marca la tradición, coincidiendo con el aniversario de la muerte de Miguel de Cervantes, el Rey hizo entrega del más prestigioso galardón de las letras españolas, que lleva el nombre del inmortal autor del Quijote, en el paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares. El acreedor de tan alta distinción en esta edición ha sido el poeta venezolano, de 93 años, Rafael Cadenas.

 

Una de las características definitorias de la poesía de Cadenas, según he podido leer en diversos ensayos sobre su obra, es la de anteponer la vida a la literatura con el establecimiento de una suerte de viaje desde la mayor expresividad verbal al más estricto ascetismo. No en vano el propio vate afirmó en un libro suyo sobre San Juan de la Cruz que “Me cautiva el lenguaje de los místicos, especialmente, desde luego, el de los españoles. Tienen el don de acuñar expresiones indelebles para comunicarnos un saber, que es más bien, en última instancia, un no saber”.

 

En esa obra, Rafael Cadenas nos pone en guardia frente al cientifismo, es decir, frente a la teoría de considerar que los únicos conocimientos válidos son los que se adquieren mediante las ciencias positivas, para hacernos ver que realmente, en una visión que yo calificaría de estoica, cuanto más sabes mayor es tu perplejidad. En ese sentido, la ciencia quizás haya intentado ocupar el papel que antes tenía la religión como forma de explicar todos los misterios que desazonan al ser humano.

 

Hasta aquí mi comentario sobre el flamante, aunque nonagenario, ganador del Premio Cervantes 2023, puesto que no quería dejar de mencionar este hito en una columna cuyo leitmotiv es, en muchísimas ocasiones, la literatura y, como saben ustedes, una cierta crítica social y política que esta semana engarza perfectamente con ese pensamiento de Cadenas de a mayor conocimiento mayor perplejidad. Vengo a decir esto porque yo, que me considero una persona más o menos formada e informada, o al menos procuro estarlo hojeando las páginas de diferentes diarios (aunque debería decir ojeando, puesto que lo hago en sus versiones digitales) no acierto a comprender últimamente lo que ocurre en política.

 

Ahora mismo, todos los analistas políticos y las empresas demoscópicas se afanan por intentar predecir los resultados electorales de los comicios locales y autonómicos del próximo 28 de mayo y sus posibles repercusiones sobre las elecciones generales que se celebrarán en diciembre de este mismo año. Esos analistas, a la vista de las encuestas publicadas, coinciden en el pronóstico de que la batalla fundamental se va a dar en la Comunidad Valenciana y que del resultado de esa contienda dependerá, en gran medida, de qué lado se decante la pugna por la Moncloa. Por el momento, parece ser que la derecha está tomando una cierta ventaja en el plano autonómico, mientras que, en Elche, a falta de encuestas fiables, es imposible hacer una predicción precisa (entiéndase por encuesta fiable una basada en seis mil entrevistas y no encargada por una de las partes en liza).

 

Por consiguiente, dado que no tenemos datos con los que hacer una predicción plausible, lo más “científico” sería hacer un análisis de lo ocurrido en las cuatro últimas citas electorales y extraer las conclusiones pertinentes.

 

El primer dato para considerar es el de la abstención. En el ámbito autonómico se ha movido entre casi el 30% en 2007 y el entorno del 25% en 2019; en Elche esa variable es muy interesante y conviene tener en mente el porcentaje exacto: en 2007 el 37´15%, en 2011 el 31’46%, en 2015 el 33’51% y en 2019 el 40’35%. La relevancia de estos datos radica en dos factores: el primero y más evidente es la alta abstención y el hecho de que sea mayor en las elecciones municipales que en las autonómicas. El segundo es que en la Comunidad Valenciana ha ganado la izquierda cuando ha habido menos abstención y en Elche ha ocurrido justamente lo contrario.

 

El segundo es la evolución del voto válido a los diferentes partidos. En la Comunidad Valenciana, el Partido Popular fue hegemónico en 2007 y 2011, con dos mayorías absolutas aplastantes frente a la izquierda compuesta por PSOE y Compromís primero y por esas dos formaciones y Podemos después; en 2015 el PP siguió siendo la fuerza más votada, pero se dejó por el camino 600.000 votos que, a pesar de que 400.000 fueron a parar a Ciudadanos, no bastaron para evitar que perdiera el Consell. En 2019, con una derecha ya dividida en tres partidos, el PSOE se alzó con la victoria para gobernar en coalición con Compromís y Podemos hasta la fecha.

 

En Elche el análisis resulta más complejo. En 2017 el PSOE aventajó al PP en 112 votos y gobernó apoyado en Izquierda Unida. En 2011 el PP obtuvo la mayoría absoluta con 49.626 votos, pero el PSOE cosechó 43.462 (en 2007 había tenido 43.595, es decir, apenas perdió votos). En 2015 la desaparición del bipartidismo y otros factores que ahora no vienen al caso supuso un desplome del PP y PSOE (32.878 y 29.071 sufragios respectivamente) que propiciaron la vuelta del PSOE al gobierno municipal en coalición con Compromís. En 2019, el PSOE volvió a ser el partido más votado, al sumar cinco mil votos más y perder el PP otros mil, repitiendo coalición con Compromís.

 

Un grandísimo amigo mío que tiene la amabilidad y la paciencia de leer mis artículos todas las semanas es muy crítico conmigo y me achaca que “pongo mucha literatura, pero que no me mojo en mis opiniones”. Querido amigo y estimados lectores, esta vez tampoco lo voy a hacer, más allá de barruntar que, con los datos en la mano, la derecha puede estar a punto de recuperar la Comunidad Valenciana, pero que en Elche parece más difícil que suceda lo mismo.

 UNA NOCHE EN LA ÓPERA

Publicado en Diario Información el 22 de abril de 2023

Esperando a Godot

 

Una noche en la ópera


– Haga el favor de poner atención en la primera cláusula porque es muy importante. Dice que… la parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte. Qué tal, está muy bien, ¿eh?

– No, eso no está bien. Quisiera volver a oírlo.

– Dice que… la parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte.

– Esta vez creo que suena mejor.

– Si quiere se lo leo otra vez.

– Tan solo la primera parte.

– ¿Sobre la parte contratante de la primera parte?

– No, sólo la parte de la parte contratante de la primera parte.

– Oiga, ¿por qué hemos de pelearnos por una tontería como ésta? La cortamos.

 

El hilarante y surrealista diálogo con que he comenzado el artículo de esta semana es, como casi todos habrán reconocido, parte de la película de los Hermanos Marx Una noche en la ópera. El filme, de 1935, primero de los celebérrimos hermanos producido por Paramount Pictures y sin la participación de Zeppo, es considerado por la crítica como el mejor de su filmografía.

 

La desternillante comedia es una sátira de los amantes de la ópera y de los nuevos ricos, en la que Otis B. Driftwood, un agente teatral de dudosa moralidad, interpretado por Groucho Marx, es contratado por la señora Claypool, a la que da vida en la pantalla Margaret Dumont, una mujer que quiere ascender en la escala social. Para conseguirlo, el primero le sugiere que invierta en una compañía operística, cuyo éxito dependerá de la contratación del famoso tenor italiano Lasparri. Todo ello da lugar a un sinfín de graciosas escenas como la más famosa de ellas que reproducíamos al principio.

 

Estamos en 2023 y hasta ahora nadie había sido capaz de superar el humor absurdo de los Hermanos Marx… Nadie hasta el pasado día 12 de abril, cuando el abogado Robert Gutiérrez publicaba en su perfil de Twitter (y toda la prensa española se hacía eco a raíz de ello) que los ministerios de Igualdad y de Trabajo habían promulgado el mismo día en el B.O.E. la Ley de Empleo y la ley trans (Ley para la Igualdad Real y Efectiva de las Personas Trans y para la Garantía de los Derechos de las Personas LGTBI). Dichas normas, ambas con rango de ley, como su propio nombre indica, modificaban el artículo 16.1.c) de la Ley sobre Infracciones y Sanciones en el Orden Social (LISOS), pero con dos redacciones distintas e igualmente válidas.

 

El principio de jerarquía normativa consagrado en nuestro ordenamiento jurídico y establecido en la propia Constitución establece que la propia Constitución es superior a cualquier otra norma jurídica, que una norma de rango inferior no puede contradecir a una de rango superior y que una norma posterior deroga a una norma anterior de igual rango. Pero en el caso que nos ocupa la parte contratante de la primera parte (Yolanda Díaz, ministra de Empleo) y la otra parte contratante de la primera parte (Irene Montero, ministra de Igualdad) al publicar esas dos normas contradictorias con el mismo rango y el mismo día, el pasado 28 de febrero, han suscitado un conflicto sin precedentes en la jurisprudencia española que, en opinión de los expertos legales, sólo se podrá solventar si el Gobierno rehace esas normas mediante un Decreto ley u otra forma jurídica apropiada.

 

Algo similar, pero con resultados nada cómicos en esta ocasión, ha ocurrido con la Ley Orgánica 10/2022, de 6 de septiembre, de garantía integral de la libertad sexual. (“sólo sí es sí”). En este caso las partes contratantes han sido Irene Montero, de nuevo, y Pedro Sánchez. Todos los expertos jurídicos habían advertido de los efectos que finalmente se han producido, es decir, la reducción de penas a numerosos violadores y abusadores sexuales y la excarcelación de algunos de ellos. Pero Pedro Sánchez hizo caso omiso de las advertencias por contentar a sus socios y éstos son tan extremistas que les da igual las consecuencias de sus acciones con tal de cumplir su agenda ideológica. No ha sido hasta que las encuestas han predicho una pérdida de votos por este asunto que el presidente se ha decidido a enmendar a Podemos y a él mismo. Hecho bastante frecuente, por otra parte.

 

En verdad, este Gobierno está haciendo honor a la frase que, por cierto, se atribuye a Groucho Marx según la que “La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados.” Pero no sólo el Gobierno es “Marxista” (de Groucho, no de Karl). Estén atentos porque estamos en campaña electoral para los comicios locales y autonómicos y las ocurrencias, en forma de promesas estrafalarias y de fichajes para las listas nos van a dar mucho juego. De hecho, estoy por garantizarles que frente a lo que vamos a oír de aquí al 28 de mayo las películas de los Hermanos Marx, más que comedias, van a parecer documentales de National Geographic.

EL AÑO SIN VERANO

Publicado en Diario Información el 16 de abril de 2023

Esperando a Godot

 

El año sin verano


La semana pasada les comentaba como el mal tiempo reinante en Suiza el verano de 1816 había sido en parte la causa de que Mary Shelley diera a luz al más célebre monstruo, con el permiso de Drácula, de la literatura universal. Lo que no reparé en explicarles, y lo hago ahora gracias al comentario que me hizo una grandísima amiga tras leer mi artículo (ha de ser muy buena amiga, pues lo hace todas las semanas) fue el origen de ese inusitado y adverso clima.

 

Todo comenzó en la isla indonesia de Sunbawa. El diez de abril de 1815 se produjo allí la erupción del monte Tambora, un volcán de 2850 metros de altura que arrojó durante días millones y millones de toneladas cúbicas de lava, rocas, polvo y gases sobre la isla y a la atmósfera. Las consecuencias para sus habitantes supusieron la muerte, casi en el acto, de diez mil personas; pero también hubo consecuencias a escala global. La gran cantidad de material arrojado a la atmósfera provocó un ensombrecimiento del cielo de tal magnitud que grandes partes del planeta, con especial incidencia en el hemisferio norte, se enfriaron, provocando que 1816 fuera conocido como “el año sin verano” (“cambio climático” lo llamarían ahora los “progres”).

 

Esa era precisamente la situación que les describía de aquel verano suizo en el que los Shelley, John Polidori y Lord Byron competían escribiendo para entretenerse en casa, ante la imposibilidad que provocaba la lluvia incesante de solazarse en el exterior. De ese verano también surgió El vampiro, de John Polidori y uno de los poemas (que también me apuntó la amiga a la que me refería, que es filóloga como yo) más bellos jamás escritos en lengua inglesa: Darkness (Oscuridad). Una obra concebida como una advertencia sobre las desigualdades que asomaban en la sociedad de aquella época y una predicción sobre un futuro distópico que acecharía a la humanidad si ésta no ponía todo su empeño en enderezar su rumbo. Los cinco primeros versos, que transcribo a continuación, dan una idea del pesimismo de Byron y de la influencia en su estado de ánimo del tiempo brumoso de aquella época:

 

“I had a dream, which was not all a dream.

Tuve un sueño, que no era del todo un sueño.

The bright sun was extinguish’d, and the stars

El brillante sol se apagaba, y los astros

Did wander darkling in the eternal space,

vagaban diluyéndose en el espacio eterno,

Rayless, and pathless, and the icy earth

sin rayos, sin senderos, y la helada tierra

Swung blind and blackening in the moonless air;

oscilaba ciega y oscureciéndose en el aire sin luna;”

 

“Darkness” (pueden buscarlo en Google y leerlo íntegro en español, son sólo cuarenta y dos versos), plantea una sólida tesis sobre la postrera inanidad del ser humano. En el sueño del narrador se verbaliza un mundo postapocalíptico en el que el sol se ha extinguido y ninguna de las instituciones, desde la monarquía a la religión, ha conseguido sobrevivir. Del poema inferimos que la civilización no es tan sólida como pensamos, que la vastedad del universo la puede derrotar con facilidad, y que la dignidad humana se derrumba del mismo modo bajo la presión de la desesperanza.

 

Aunque para colapso de la dignidad humana, y perdonen que abunde en el tema, está la cuestión de lo que ha venido en denominarse “el espacio a la izquierda del PSOE”. La semana pasada ya comentábamos como Yolanda Díaz era una creación tipo “Frankenstein”, aunque en su caso con rostro amable y con una operación de mercadotecnia impecable: dice lo que la gente quiere oír y en un tono que tranquiliza a las masas frente al lenguaje agresivo, rayano en lo obsceno, que utilizan muchos políticos.

 

Frente a ese estilo de Yolanda Díaz, Podemos, molesto por el roto electoral que Sumar les puede provocar, está intentando otra operación similar con la intención de potenciar a Irene Montero. Sin embargo, el modo en que lo están haciendo es absolutamente aberrante. Últimamente se dedican a presentarla en entrañables fotos domésticas junto al todavía líder in pectore, Pablo Iglesias. En la última, aparecida el sábado de la semana pasada, algunos idiotas, no se les puede dar otro nombre, quisieron ver en la cremallera de un neceser una raya de cocaína; eso provocó el efecto contrario al que pretendían, desviando la atención de lo que realmente se debía haber criticado en esa foto: una mujer que predica en público el empoderamiento femenino rindiendo fiel pleitesía y sumisión al padre de sus tres hijos que, al parecer, ni siquiera vive ya con ellos.

 

Ese episodio es un claro ejemplo de la querencia de la izquierda española por las fotografías y el espectáculo mediático (especialmente donde no gobiernan), como el protagonizado por una diputada autonómica andaluza de Adelante Andalucía (que no sé yo si son de Yolanda, de Irene o mediopensionistas) durante el debate sobre la ampliación de regadíos en el entorno de Doñana, arrojando arena sobre el escaño del presidente de la Junta, Juan Manuel Moreno Bonilla. Arena que, evidentemente, luego tuvieron que recoger las trabajadoras de limpieza de la cámara. En otros tiempos, quizás lo recuerden, eran los socios del actual gobierno, Herri Batasuna, los que arrojaban cal viva sobre los escaños del PSOE en el Parlamento Vasco.

 

Muy lamentable todo. Menos mal que los agricultores del Camp d’Elx y de la Vega Baja son muchísimo más educados y civilizados que todos estos personajes, porque motivos para echar arena sobre los escaños de los que en nuestra tierra nos niegan el agua no les faltarían.

 FRANKENSTEIN

Publicado en Diario Información el 9 de abril de 2023

Esperando a Godot

 

Frankenstein


Corría el verano de 1818 y Mary Shelley, que por aquel entonces tenía diecinueve años, se encontraba pasando las vacaciones estivales en Ginebra, acompañada de su marido, Percy Bysshe Shelley, de Lord Byron y del doctor John Polidori. El clima no era propicio y las diversiones en esas condiciones y en aquellos tiempos escaseaban. De modo que la incesante lluvia los movió a proponer una competición que consistía en escribir una novela de terror. La propuesta de Mary fue “Frankenstein o el moderno Prometeo”, la historia de Víctor Frankenstein, un científico obsesionado con encontrar la manera de recrear la vida humana (argumento que puede tener que ver con la biografía de la madre de la autora, que intentó suicidarse dos años antes de que ella naciera, pero fue “resucitada” por unos marineros que vieron como se lanzaba al río; aunque terminó falleciendo de una infección puerperal tras alumbrar a Mary).

 

La publicación de la novela supuso un considerable éxito comercial, dada la popularidad en aquella época romántica de las novelas góticas, pero la crítica literaria no la acogió con demasiado entusiasmo. No se discutía la poderosa imaginación de la autora, ni sus habilidades narrativas, pero algunos llegaban a cuestionar su estabilidad mental. No fue hasta bien entrado el siglo XX cuando la novela empezó a estudiarse desde múltiples prismas: psicológicos, sociológicos, políticos e incluso feministas. Del mismo modo, se han rastreado las fuentes literarias que usó y los precedentes que influyeron sobre ella, como ”Fausto”, de Goethe, o “La balada del viejo marinero” de Samuel Taylor Coleridge, dando a la novela la importancia que realmente tiene e intentando extraer el verdadero trasunto filosófico que encierra.

 

La idea principal que trasciende a la novela es de orden moral. El protagonista, Víctor Frankenstein, es incapaz de comprender que sus acciones tienen consecuencias, que no puede concentrarse únicamente en conseguir sus objetivos sin sopesar el daño que puede causar a las personas que están a su alrededor. Por eso, cuando finalmente logra dar vida al monstruo y el resultado no le gusta, simplemente lo rechaza y abandona su laboratorio. Elude su responsabilidad moral en esa ocasión y también cuando el monstruo le pide que cree una compañera para él y el científico no cumple lo pactado, dando lugar a una escalada de violencia como venganza de la criatura hacia su creador. En ese momento, aunque no en la forma que él hubiera deseado, el monstruo consigue lo que perseguía: atraer la atención del Dr. Frankenstein.

 

Decíamos que uno de los enfoques de los estudios sobre la novela de Frankenstein a partir de la segunda década del siglo pasado había sido el político. No en vano, si analizamos la historia reciente e incluso la situación actual, nos vienen a la mente varios ejemplos de creaciones, no necesariamente monstruosas, o sí, que han terminado teniendo una relación con su creador casi tan tormentosa como la del científico de la novela de Mary Shelley con la suya. En España este hecho es muy frecuente debido a la secular tradición de todos los dirigentes políticos, sean del signo que sean, de ungir a sus sucesores pensando que el señalado seguirá sus designios, cosa que absolutamente todos dejan de hacer a los cinco minutos de ocupar la poltrona correspondiente.

 

Un ejemplo muy claro de ello es el caso de Yolanda Díaz. El pasado fin de semana lanzó su apuesta, ¡qué sorpresa!, de encabezar una candidatura a la presidencia del Gobierno que no es tal, sino un intento de cambiar la denostada imagen que muestra Podemos para aglutinar el voto a la izquierda del PSOE y permitir que Pedro Sánchez tenga una mayoría suficiente para su investidura tras las elecciones generales de diciembre de este mismo año. Yolanda es un monstruo con rostro amable creado por Pablo Iglesias, al que ahora quiere matar (políticamente hablando), que ha sido reprogramado por Sánchez para satisfacer su ambición de poder. La diferencia es que Yolanda se ha deshecho, o está en el proceso de hacerlo, de su creador, pero no va a conseguir lo mismo con Sánchez, al que sólo sobrevive él mismo.

 

Es evidente que todos estos movimientos que se están desarrollando de cara a las generales también tendrán su repercusión a escala local y autonómica. En Elche no serán especialmente importantes, puesto que podemos nunca ha entrado en el consistorio, por lo que esos votos ya se daban por amortizados. Si acaso, podría beneficiar al PSOE, por aquello del voto útil de la izquierda y, en menor medida a Compromís. Otra cuestión muy diferente se puede producir en la lucha por el Consell. Podemos forma parte del actual “Botànic”; un escenario en el que esa formación no alcanzara el listón del 5% beneficiaría de forma significativa a la fuerza más votada (presumiblemente el Partido Popular, tras la práctica absorción de lo que queda de Ciudadanos) por lo que las serias posibilidades de Carlos Mazón de ser el próximo President de la Generalitat se verían claramente incrementadas.

 MORE PRICKS THAN KICKS

Publicado en Diario Información el 1 de abril de 2023

Esperando a Godot

 

More Pricks than Kicks


El otro día, paseando por Elche, me encontré con un amigo, nos tomamos un café y estuvimos comentando asuntos de política local y nacional. En un momento de la conversación, mi interlocutor introdujo el tema de la dimisión de la concejal Eva Crisol. Al parecer y siempre según mi contertulio, pues yo no estoy muy al corriente porque estos temas me resultan totalmente tediosos, esta señora, después de tejemanejes varios en interés propio, decidió dimitir como edil del Ayuntamiento de Elche, gesto que fue muy aplaudido por todos los miembros de la corporación, salvo uno (su propio compañero de grupo, que al parecer la conoce mejor que nadie). Claro que la buena señora no había reparado en que cuando uno deja un trabajo, el de concejal no es una excepción, de forma voluntaria, no tiene derecho a la percepción de la prestación por desempleo; de modo que no ha hecho efectiva la entrega del acta, para sorpresa de propios y extraños y especialmente de los que la aplaudían cuando verbalizó las intenciones que ahora no ha cumplido. Imagino que una vez agotado el mandato (y cobrados los emolumentos correspondientes a los tres últimos meses del mismo) acudirá a las oficinas del SEPE para tramitar la correspondiente prestación. Ya le preguntaré a mi amigo.

 

En cualquier caso, vamos a dejar este tema, del que se podrían citar varios ejemplos más, seguramente (aunque también se podrían citar casos contarios, es decir, de personas que pierden dinero y emplean su tiempo dedicándose a la política y lo hacen por vocación de servicio), porque no es el objeto ordinario de esta sección, que no es otro que hablar de literatura y también hacer cierta crítica política y social, pero siempre dentro de un respeto por todas las personas y por nuestros representantes públicos, que al fin y al cabo merecen la debida consideración por haber sido elegidos democráticamente por los ciudadanos.

 

En esta ocasión, me gustaría profundizar un poco en la figura del escritor cuya obra da título a esta serie de artículos. Me refiero a Samuel Beckett. El irlandés es un escritor absolutamente poliédrico y fascinante. Su forma de escribir refleja sus vastos conocimientos al referirse continuamente a variadas fuentes literarias y a filósofos y teólogos de diferentes épocas y corrientes. Aunque no cabe duda de que sus principales influencias se deben al poeta italiano Dante y al filósofo francés René Descartes y a su pupilo holandés del siglo XVII Arnold Geulincx. Éste último se preguntaba la cuestión del modo en el que interactúan la parte física y la intelectual del ser humano. A todas estas influencias, por supuesto, se debe añadir la más importante de todas: la de su idolatrado paisano James Joyce.

 

Sin embargo, la crítica y la prensa populares han generalizado la idea de que el trabajo de Beckett se centra de manera prioritaria en los aspectos más sórdidos del ser humano. Nada más lejos de la realidad. Lo cierto es que los personajes de su obra no se nos muestran en situaciones extremas para destacar su mezquindad, sino como un pretexto para investigar sobre las causas que mueven las relaciones sociales entre los individuos, su manera de interactuar para granjearse una posición, o la conquista de sus objetivos sexuales. En este contexto, las preguntas básicas que se planteaba eran: “¿Cómo podemos asumir el hecho de que hemos sido traídos a este mundo sin que siquiera nos preguntaran?”, “¿Cuál es la verdadera naturaleza de nuestro ser?” o “¿Qué quiere decir un ser humano cuando dice “yo”?”.

 

Baste como ejemplo su primera obra de ficción publicada “More Pricks tan Kicks”, que yo hubiera traducido como “matar moscas a cañonazos”, pero que mi padre, que sabe más que yo de esto (y de todo, como todos los padres), me ha indicado que encajaría mejor en una expresión tan española como “tanto trabajo para nada”. Esta obra es una serie de diez historias interconectadas (víd. “Dante y la langosta” en Esperando a Godot, 17 de julio de 2021). Con Dublín como marco espacial, esta concatenación de relatos nos cuenta las peripecias de una especie de antihéroe, Belacqua Shuah, y sus choques con todas las mujeres que conoce a causa de su solipsismo (el solipsismo es una corriente filosófica que preconiza que únicamente mi conciencia existe y la realidad que aparentemente le rodea es incognoscible, y puede, por un lado, no ser más que parte de los estados mentales del propio yo).

 

Por cierto, hablando de las influencias de Beckett, el nombre de Belacqua Shuah está tomada de uno de los personajes del Purgatorio de Dante, un lutier florentino castigado por el pecado de una pereza que le lleva al punto de no querer esforzarse por alcanzar el paraíso y que está absolutamente en consonancia con la absoluta indolencia que muestra el personaje del Belacqua de Beckett.

 

Pero, como decía mi amigo (con el que me encontré y tomé café al inicio de este relato), si quieren encontrar personajes sórdidos y perezosos, no busquen en la ficción, ni siquiera en la de un autor famoso por su filosofía del absurdo como Samuel Beckett. Busquen en la vida real y especialmente entre algunos políticos, o vividores, porque también hay muchos políticos honrados.

 DEL PUENTE A LA ALAMENDA Publicado en Diario Información el 8 de julio de 2023 Esperando a Godot   Del puente a la alameda   ...