LOS RENGLONES TORCIDOS DE DIOS

Publicado en Diario Información el 4 de marzo de 2023

Esperando a Godot

 

Los renglones torcidos de Dios


Torcuato Luca de Tena (1923-1999) escribió la interesante novela que da título a este artículo en 1979. En ella, Luca de Tena, cuyo apellido les sonará por ser el nieto del fundador del Diario ABC, con el que comparte nombre y apellido, desvela una interesante trama relacionada con el tema de la salud mental. Para documentar su redacción, el propio autor convivió durante una temporada con los internos de una institución mental.

 

La trama de la novela se basa en la historia de Alice Gould, o Alicia de Almenara, una mujer que ingresa de forma voluntaria, o eso afirma, en un manicomio para investigar un asesinato cuyo autor se encuentra entre los internos. Pero según se van desarrollando los acontecimientos al lector le asalta la duda de si su ingreso es realmente voluntario o se trata de una enferma paranoide con una inteligencia tan asombrosa que es capaz de engañar a los propios psiquiatras. A todos menos a uno, que sostiene el diagnóstico de la protagonista a lo largo de la obra en contra de la opinión de sus colegas.

 

El desenlace tiene un giro sumamente inesperado que no les voy a desvelar para no destriparles la lectura (que es como se ha dicho toda la vida del señor a lo que ahora llaman hacer “spoiler”). Lo que sí les diré es que mi aproximación a esta obra no ha sido a través de la lectura, sino de la película basada en la novela y estrenada en 2022; dirigida por Oriol Paulo e interpretada por un elenco de actores españoles me pareció magnífica cuando la vi: tiene ritmo, mantiene el interés del espectador a lo largo de todo su metraje y está muy bien resuelta. Muy diferente, desde luego, al típico cine español subvencionado y bodrio.

 

Las novelas y las películas que tratan sobre la salud mental (como la que les acabo de mencionar y otras muy conocidas como Alguien voló sobre el nido del cuco (1975), Rain Man (1988), El príncipe de las mareas (1991), Mejor… imposible (1997) o Una historia casi divertida (2010)) siempre nos causan una profunda impresión, quizás porque somos conscientes de lo inescrutable de los mecanismos de la mente, lo que nos hace concluir que cualquiera de nosotros, por mucha fortaleza mental que crea poseer, puede caer en la locura.

 

Sin ánimo de recurrir a tópicos ni buscar alarmismos que en muchos casos crean y retroalimentan los propios medios de comunicación, sí es cierto que, por ejemplo, en los centros educativos -hecho que conozco de primera mano por mi profesión de Inspector de Educación- los casos de autolesiones y conductas autolíticas entre niños y adolescentes han crecido exponencialmente en los últimos años. Un caso paradigmático ha saltado esta misma semana a la opinión pública a raíz de la dimisión del equipo directivo de un instituto de Mislata (Valencia) por sentirse imposibilitado de atender al numeroso grupo de estudiantes aquejados de problemas mentales allí matriculados con los escasos recursos facilitados por la Administración.

 

 

 

Tras convertirse en mediático, a las carencias de este instituto se les ha dado una solución momentánea, pero no así al resto de centros, muchísimos en condiciones mucho más precarias, que hacen lo que está en sus manos sin protestar para atender a su alumnado aquejado de problemas mentales. La cuestión es que cuando ocurre alguna desgracia, como también se ha conocido recientemente en la localidad barcelonesa de Sallent, todo el foco reprobatorio se sitúa sobre el centro educativo, sin tener en cuenta ni sus circunstancias ni las de las víctimas con un mínimo de rigor y objetividad.

 

Estos hechos que se vienen repitiendo en la escuela no son culpa de los profesores sino un reflejo de una sociedad enferma. Todos los días nos desayunamos con noticias que nos mueven a pensar que vivimos en un país de auténticos locos. El último escándalo ya es de un calado tal que en cualquier país democrático haría tambalearse los cimientos del Gobierno. Me refiero al conocido como “Caso del Tito Berni”.

 

Se trata de una historia sobradamente conocida, pero les resumo: Madrid, 21 de octubre de 2020. Quince diputados del PSOE, de los que sólo ha trascendido el nombre del cabecilla, Juan Bernardo Fuentes Curbelo, Diputado por Las Palmas, se citan a cenar en un restaurante de lujo rompiendo las normas de confinamiento impuestas en la capital entonces. Hasta ahí los hechos totalmente objetivos.

 

Las sospechas, incluyendo fotos que se han filtrado, hablan de una trama corrupta que beneficiaba a determinados empresarios a cambio de “favores” pecuniarios y en especie, entre los que se incluían prostitutas y cocaína, presuntamente. Las especulaciones están subiendo de tono por la negativa del partido a desvelar la identidad de los diputados que participaban en estos festejos; algún digital apunta incluso a que uno de ellos podría ser de Elche. Espero que no sea verdad, lo digo con rotunda sinceridad.

 

Todo muy edificante, verán como al final le echan también la culpa a la escuela.

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