SABERES BÁSICOS
Publicado en Diario Información el 3 de diciembre de 2022
Esperando
a Godot
Saberes básicos
Desde tiempos inmemoriales se ha sostenido que los
pilares fundamentales sobre los que se asienta el conocimiento humano han sido
los que en la Edad Media se conocían como el “Trívium” (gramática,
lógica y retórica) y el “Quadrivium” (geometría, aritmética, astronomía
y música). La gramática suponía el dominio de las estructuras del lenguaje; la
lógica la mecánica del pensamiento y el análisis; la retórica el uso del
lenguaje para instruir y persuadir a los demás. Estas tres disciplinas se
consideraban preparatorias para que los discentes accedieran al quadrivium, que
a su vez impartía los contenidos propedéuticos necesarios para los estudios
superiores de filosofía y teología.
Esta división medieval del corpus del saber se
remonta, como tantos otros aspectos de nuestra cultura, a la Antigua Grecia.
Platón fue el primero en presentar la idea de un currículum escolar reglado,
basándose en una iniciativa que ya había sido presentada por Pitágoras. La idea
se extendió gracias a la obra “De nuptiis Philologiae et Mercurii”, de
Martianus Capella, un escritor, enciclopédico y retórico romano en lengua
latina del siglo V. En su libro, Marciano esboza lo que deben ser la siete
artes y ciencias liberales mediante un texto cuajado de alegorías y poesía:
cada arte o ciencia se explica con gran profusión de detalles con las figuras
de siete doncellas que actúan como siervas de la Filología en su matrimonio con
Mercurio.
A pesar de que hayan transcurrido miles de años desde
que se implantó la taxonomía del trívium y el quadrivium, cualquiera puede
entender hoy en día en qué consisten las materias que engloba y la importancia
de dominarlas en mayor o menor medida para considerarse lo que antes se decía
una persona de provecho. En cambio, la última, por ahora, ley educativa implantada
en España, y su normativa de desarrollo, establece cuestiones como las que voy
a intentar explicarles a continuación.
Siguen existiendo unas áreas con sus respectivos currículums,
pero ahora los conceptos importantes han pasado a ser las competencias clave,
las competencias específicas y el perfil de salida. Para que se hagan una idea
de todo este galimatías, en educación primaria las competencias clave son la competencia
en comunicación lingüística; la competencia plurilingüe; la competencia matemática
y competencia en ciencia, tecnología e ingeniería; la competencia digital; la competencia
personal, social y de aprender a aprender; la competencia ciudadana; la competencia
emprendedora; y la competencia en conciencia y expresión culturales. Según el
Decreto de currículum de la Comunidad Valenciana, “Para la adquisición y
desarrollo, tanto de las competencias clave como de las competencias
específicas, mencionadas anteriormente, el equipo docente tiene que diseñar
situaciones de aprendizaje, de acuerdo con los principios que, con carácter
orientativo, se establecen en las diversas áreas”; y que “El perfil de
salida del alumnado al final de la enseñanza básica constituye la concreción de
los principios y fines del sistema educativo referidos a la educación básica
que fundamenta el resto de decisiones curriculares.” Si a todo esto sumamos
que los centros de primaria deben otorgar en cada evaluación una nota
cualitativa, es decir, explicar en un informe el grado de consecución de las
competencias en las diferentes áreas para cada alumno, el caos está servido:
los colegios están agobiados por la burocracia y los padres no van a entender,
en la mayoría de los casos, esos informes.
Seguramente no habrán entendido ni una palabra del
larguísimo párrafo anterior. No se preocupen, yo trabajo de Inspector de
Educación y me cuesta, me cuesta y me sonroja cuando una amiga me pregunta si
es verdad que ahora en secundaria el uno es la mejor nota y el cinco es la
peor, o su hija le toma el pelo; y yo tengo que decirle que así es, que ahora
los profesores asignarán un uno (sobresaliente), un dos (notable), un tres
(bien), un cuatro (suficiente) o un cinco (insuficiente); y entonces me
pregunta que por qué mareamos tanto… Y yo me tengo que callar y ladear la
cabeza, levantando las palmas de las manos hacia arriba, como señal de
resignación, más o menos igual que cuando los directores de los centros
adscritos a mi zona de actuación me hacen alguna pregunta sobre la evaluación
en la LOMLOE y yo les respondo que preferiría explicarles qué significa que
Dios es Uno y Trino.
La suerte que tienen los políticos es que los
funcionarios (salvo los independentistas), incluidos los docentes, somos
obedientes. Sabemos que tenemos que cumplir la ley (en mi caso cumplirla y
hacerla cumplir), aunque no nos guste. El caso es que esta ley no gusta a casi
nadie. Los padres no la entienden y los profesores la critican por la farragosa
y absurda carga burocrática que encierra y porque va a suponer, de manera
indefectible, una rebaja de los niveles y un menoscabo de la calidad de
enseñanza.
¿Por qué ahora la mayoría de los sindicatos, otrora beligerantes contra otras normas educativas que, con sus luces y sus sombras, eran mejor que ésta, no alzan ahora la voz? ¿Acaso porque gobiernan “los suyos”? Espero que cuando los liberados vayan por colegios e institutos les hagan estas preguntas. Deseando estoy de escuchar las respuestas.
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